17 divertidas historias sobre ser comediante (parte 2)
Te acercamos 17 historias, anécdotas y situaciones de la difícil tarea de ser comediante, seleccionadas por la revista Reader’s Digest, y traducidas al español por Pablo Molinari. Hoy, la segunda parte. Podés leer la primera parte aquí: https://standuptime.com/17-divertidas-historias-sobre-ser-comediante-parte-1/
El día que dejé que todo colgara, por Cory Jarvis
Antes de ser comediante, enseñaba inglés en Japón. Una chica con la que salía sugirió ir a un centro de aguas termales. Yo dije que sí, desconociendo un hecho crucial: en ese lugar se ingresaba desnudo.
Saliendo del vestuario, me dí cuenta de algo: era el único que estaba avergonzado. Los japoneses están mucho más cómodos con la desnudez que la familia en la que crecí. Cuando era chico, caminaba con mi abuelo en paños menores, y el no me miraba a los ojos.
Sintiendo mi nerviosismo, la gente empezó a charlar conmigo sobre cosas irrelevantes, tratando de hacerme sentir más cómodo. Y logré sentirme tan cómodo que les empecé a charlar yo a ellos. Incluso logré un par de risas.
Luego, cuando empecé a hacer stand up, me dí cuenta que ese viaje a las aguas termales me preparó para la presión de ser comediante. ¿Qué otra cosa te ayudaría más a acostumbrarte a sentirte desnudo frente a un montón de extraños que no entienden tus chistes, que estar desnudo frente a un montón de extraños que no entienden tus chistes?
Armando mi monólogo, por Joan Rivers
Siempre fui muy vanguardista, pero para mí, “vanguardista” en los ’60 era hablar de mi peluquero, Mr. Phyllis. La gente se quedaba boquiabierta. Hablé de tener una aventura con un profesor casado. La gente se quedaba boquiabierta. Incluso hablé de mi madre queriendo que yo me casara y poniendo un letrero que decía “Última Chica Antes De La Autopista”. Y la gente decía “No se lleva la familia y los trapos sucios al escenario”. Así que se ve que estaba haciendo escandaloso — para ellos.
El mejor heckler, por Tom Dreesen
Estaba en un club probando nuevo material. Cada vez que sacaba una risa, un tipo en el fondo decía algo que causaba más risas. Yo le respondía, y el volvía a superarme. Luego de 10 minutos de esto, finalmente logré vencerlo.
“Sólo entre vos y yo,” dije, sonriendo, “sabemos que gané esta.”
Respondió: “Sólo entre vos y yo, lo necesitabas.”
Conociendo a la realeza, por Don Rickles
Hace 50 años, estaba sentado en la recepción del Hotel Sands con mi cita, que era el tipo de chica que no llevarías a tu casa para presentarle a tu madre. En esos días, la recepción era un lugar muy romántico — violinistas, antorchas, y esas cosas. Sucedió que estaba Frank Sinatra sentado en otra mesa con Lena Horne y un montón de otras estrellas. Yo estaba intentando dar un gran golpe de efecto y salirme con la mía en mi cita, así que le ofrecí presentarle a Frank.
“¿Realmente conoces a Frank Sinatra?” me preguntó.
“¿Estás bromeando, hermosa? Es un gran amigo.”
Me paré y fui hasta la mesa de Frank. “Frank, necesito un favor,” dije. “¿Podrías venir a mi mesa en unos cinco minutos para presentarte a mi novia? Significaría mucho para mí.”
Me respondio: “Dalo por hecho, Bullethead.” (N. del R.: “Cabeza de bala”)
Siempre me decía Bullethead.
Pasaron cinco minutos, y Frank se levantó de su mesa, caminó hacia la nuestra y, con una gran sonrisa, dijo “Hey, Don, ¿cómo estás?”
Y con eso, salté de mi silla y grité, “No ahora, Frank. ¡¿No ves que estoy con alguien?!”
Mi acto favorito, por Dan “Larry the Cable Guy” Whitney
Johnny Vegas era un británico loco. Recuerdo que estaba parado en una mesa de un club de comedia, cantando a los gritos “God Bless America”, cuando de repente cayó al piso y se abrió la cabeza. El lugar quedó en silencio. ¿Está muerto? ¿Está vivo? Nadie sabía. Entonces, de la nada, una voz gritó “Vamos, debiluchos lamentadores, canten conmigo!”. Johnny se paró y, con sangre brotando de su cabeza, marchó alrededor del club, guiándonos a todos en la canción. Les digo, estos británicos hacen cosas muy raras.
Negociando con el canal, por Louis CK
[Mientras grabábamos Lucky Louie], HBO nos preguntó porqué no había desnudez. Lo que ellos realmente querían decir, era porque no aparecía Pamela Adlon, que hacía de mi mujer, desnuda. Cuando contraté a Pam, nunca le dije que fuera a hacer algo similar. No se suponía que fuera ese tipo de show. Así que dije, “¿Sabes qué? Yo lo haré.” Y aparecí desnudo en ese episodio. Y ellos dijeron algo como “Ok, ok, ya tuvimos bastante desnudez, gracias.”